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Del “efecto tapón” al aluvión importador: el fenómeno que advierte el acero argentino ante una eventual reactivación

InmoPlus Conecta · 25 Ago 2026
Del “efecto tapón” al aluvión importador: el fenómeno que advierte el acero argentino ante una eventual reactivación

La producción de acero crudo acumuló una mejora del 9,9% en el primer semestre del año, en tanto la de laminados cayó 6,1%; los datos reflejan un impulso desparejo y el sector teme por una profundización.

Los últimos datos de la Cámara Argentina del Acero (CAA) expresan el contraste entre la mayor demanda de Vaca Muerta y la infraestructura energética y un derrumbe por parte de la construcción, las automotrices, la maquinaria agrícola y los electrodomésticos.

Las ampliaciones de Oldelval, la construcción del oleoducto Vaca Muerta Sur (VMOS) y la perforación impulsan el consumo de tubos sin costura y aceros especiales, pero ese dinamismo no alcanza a compensar la caída de los sectores orientados al mercado interno.

La crisis de doble impacto

El deterioro aparece con mayor claridad en la metalurgia, uno de los principales eslabones que transforma el acero en bienes de capital, maquinaria, autopartes, equipos eléctricos y productos para la construcción.

Según ADIMRA, la actividad metalúrgica cayó 4,4% interanual en julio y acumuló una contracción del 5,5% desde comienzos de año. La utilización de la capacidad instalada descendió al 39,2%, seis puntos porcentuales por debajo del nivel registrado un año atrás y en valores similares a los observados durante la salida de la pandemia.

Siete de los ocho sectores relevados registraron caídas. Bienes de capital retrocedió 9,5%; maquinaria agrícola, 7,7%; equipos y aparatos eléctricos, 4,3%; y carrocerías y remolques, 3,4%. El empleo disminuyó 2,2% interanual y siete de cada diez empresas no esperan cambios en su producción durante el próximo trimestre.

Los datos muestran que incluso dentro de los sectores considerados “ganadores” existen contrastes. Los grandes proyectos energéticos generan demanda para productos siderúrgicos específicos, pero no necesariamente traccionan al conjunto de los proveedores metalúrgicos vinculados con petróleo, gas o minería.

El sector automotor aporta otra señal. Durante el primer semestre se fabricaron 204.658 vehículos, un 18,3% menos que un año atrás. La actividad autopartista cayó 6,7% y las exportaciones de componentes retrocedieron 7,2%.

La contracción fue tan pronunciada que también redujo la necesidad de importar. Las compras externas de autopartes bajaron 15,9% y totalizaron u$s 4534 millones, u$s 860 millones menos que en el primer semestre de 2025.

El dato es clave para comprender el escenario siderúrgico donde predominan las señales de recesión, lo que está limitando tanto la producción nacional como las importaciones. El último informe de AFAC revela que no se compraron menos componentes en el exterior por una sustitución con fabricación argentina, sino porque se redujo el mercado.

La debilidad se extiende a la construcción, donde los despachos de cemento cayeron 1,2% interanual en junio y la actividad se concentra en obras privadas pequeñas, con menor utilización de estructuras complejas de acero.

También alcanza a las industrias electrónica, electromecánica y luminotécnica. Según CADIEEL, el 44% de las empresas redujo su producción durante el segundo trimestre y, dentro de ese grupo, la caída promedio fue del 31%. Cerca del 60% trabajó con hasta el 60% de su capacidad instalada y el 41% redujo personal.

La línea blanca permanece entre las ramas más afectadas. La CAA estima que varias plantas operan con una capacidad ociosa cercana al 50%, en una actividad condicionada por la pérdida de poder adquisitivo y la falta de financiamiento.

La crisis de estos sectores tiene un doble impacto: reduce la demanda directa de chapas y otros insumos y, al mismo tiempo, el ingreso de vehículos, electrodomésticos, maquinaria o estructuras terminadas reemplaza acero que podría haber sido transformado en el país.

La paradoja de las importaciones

Las estadísticas de comercio directo muestran un déficit persistente. En junio ingresaron 61.116 toneladas de acero, un 12,6% más que un año atrás, mientras las exportaciones alcanzaron las 42.194 toneladas.

Durante el primer semestre, las importaciones sumaron cerca de 358.400 toneladas y duplicaron las 178.900 toneladas exportadas. El déficit acumulado rondó las 179.500 toneladas.

Los informes de la Cámara del Acero advierten por la creciente presión de los productos importados, en particular de origen chino. Sin embargo, sus cifras agregadas no distinguen entre productos terminados, semielaborados, bienes que no se fabrican localmente y compras realizadas por los propios grupos siderúrgicos para complementar su oferta regional.

Esa diferenciación es central ya que las grandes compañías pueden producir determinados bienes en la Argentina e importar otros desde sus plantas de Brasil o México.

El mayor riesgo aparece en los productos que compiten directamente con la fabricación local y en las manufacturas terminadas que desplazan indirectamente la demanda de acero argentino.

En conversaciones reservadas, empresarios del sector que valoran el ordenamiento de la macroeconomía cuestionan el ritmo de la apertura, más veloz que la reducción de costos impositivos, laborales y logísticos que enfrentan las plantas locales. También reclaman que los productos importados cumplan condiciones técnicas equivalentes a las exigidas a los fabricantes argentinos.

La preocupación no pasa únicamente por las importaciones actuales, sino por lo que puede ocurrir cuando se recupere la actividad. Hoy, el mismo estancamiento que golpea a las fábricas funciona como “efecto tapón”, según describen: sin demanda, tampoco existe mercado suficiente para que las compras externas crezcan con mayor intensidad.

El escenario internacional profundiza esa inquietud. La siderurgia mundial enfrenta una elevada sobrecapacidad mientras Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y México refuerzan aranceles, salvaguardias y medidas antidumping. Y, cuando los principales mercados colocan barreras, los excedentes buscan destinos más abiertos.

Por eso la pregunta que circula hace tiempo entre las pymes industriales llegó a los despachos de las grandes corporaciones: ¿qué sucederá si la demanda se recupera antes de que el Gobierno “nivele la cancha”? ¿Cuánto de esta mejora podrá captar la industria local frente a la competencia de China?.

“Te comen el hígado”, se respondió un empresario con años en el negocio del laminado de acero y alertó que, en paralelo, crece el contrabando de chatarra, un insumo clave para la producción de acero.

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